viernes, 19 de noviembre de 2010

Atom Egoyan




Apoyándose siempre en unas películas construidas sobre la base de las emociones, su mirada penetra en el dolor de unos personajes desgarrados por las ausencias. Su cine, laberintos sin aparente o fácil salida por su multiplicidad de interpretaciones, exige un esfuerzo por parte del espectador.

El liquidador 1991, su película más compleja, muestra la esencia emocional de unos personajes que hacen de sus trabajos una desasosegante catarsis vital de inútiles consecuencias.

Pero será con Exótica 1994, cuando llegue su consagración como autor de un extraordinario y muy personal estilo.

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